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¿El estado es nuestro salvador?

El estado es nuestro salvador.

A él le pedimos todo y todo nos lo concede. Esta parece ser la espina dorsal de nuestra sociedad.

Lo cierto es que pareciera que no existe otra alternativa a un estado que es dueño y señor de cuanto aparece. “Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar” escribió Calderón de la Barca en El Alcade de Zalamea. Y añadía: “pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”. En nuestra época hemos cambiado “al rey” por “el estado” pero quizás hemos perdido la vista de que haya algo más de una estructura política y administrativa.

El estado liberal – y la democracia – se han convertido en ídolos a los que ofrecemos púbica devoción. Las palabras “constitución”, “leyes” y “parlamento” se han llenado de un significado cuasi místico que nos impide ponerlas en cuestión.

Se han llegado a convertir en los dogmas de la fe única de nuestros días.

Contra todo lo anterior aparece el luminoso pensamiento de William T. Cavanaugh en el libro que presentamos como novedad editorial: Migraciones de lo sagrado.

“Mi propósito en este libro – señala el autor – es ayudar a cristianos y no cristianos a ser realistas acerca de lo que podemos esperar de “los poderes y principados” de nuestro tiempo”.

Así afirma que “se ha producido una transferencia de lo sagrado de la Iglesia hacia el estado” llegando a una situación en la que “queremos que el estado absorba el riesgo de que supone vivir una vida humana mortal”.

Por eso en Migraciones de lo sagrado Cavanaugh tratará “de apartar de nuestra mente la idea de que el estado-nación es inevitable”.

Todo ello para buscar nuevas formas de organización política que se basen en el bien común: “un cristiano debería sentirse políticamente huérfano en el contexto actual – se lee en el prólogo – y no debería considerar que la deprimente perspectiva de tener que elegir entre izquierdas o derechas agota las posibilidades de nuestro testimonio político”.

Así imagina una micropolítica cristiana como una buena forma de desafiar al estado. En la misma línea señala el Papa Francisco, en su encíclica Fratelli tutti, la necesidad del principio de subsidiariedad en el que aparecen pequeñas organizaciones y comunidades que “muchas veces desarrollan esfuerzos admirables pensando en el bien común”.

Porque la vida va en serio. Y tenemos que “aprender de nuevo a ser libres” en palabras del Arzobispo de Granada, monseñor Javier Martínez que ha advertido acerca de que “estamos en el camino hacia una tercera dictadura, de un modo o de otro, porque se imponen leyes que van contra el bien común”.

Por eso, en Migraciones de lo sagrado se nos propone cómo la Iglesia “puede imaginar su propia presencia política de unos modos que hagan tangible la generosidad receptiva de Cristo en la Cruz”.

Con esta novedad, la editorial Nuevo Inicio quiere continuar en su labor de abrir la mente y el pensamiento a nuevos horizontes; o más bien, a los horizontes grandes y abiertos de la tradición cristiana.

Disponible en: https://nuevoinicio.es

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