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La Iglesia necesita leer a Bruce Marshall: la sugerencia de un canónigo a sacerdotes y obispos

Religión en Libertad ha publicado varios artículos de Bruce Marshall, autor de A cada uno un denario (Nuevo Inicio, 2010), un libro que desde su publicación se ha convertido en preferido de nuestros lectores. Sugiere su lectura a obispos y sacerdotes y nosotros a todo el que quiera conocer a este novelista escocés amante de la iglesia, los sacramentos y la liturgia:

“El escritor escocés Bruce Marshall se convirtió cuando era joven y supo contar el catolicismo con humor y elegancia literaria. Sus novelas han conmovido e inspirado a generaciones de creyentes. Releerlas hoy sería un gran bien, ante todo, para obispos y sacerdotes, sugiere precisamente uno de ellos, Fabrizio Porcella, canónigo de la catedral de Cagliari (Cerdeña), en Il Timone:

Hace falta un plan (Bruce) Marshall
Un contable al servicio de Dios, militante de su Iglesia. Puede parecer una definición singular, pero a quien esto escribe le parece acertada para presentar al que fue un gran escritor católico, que gozó de una notable popularidad en Italia, y no solo en Italia, antes de caer en un olvido relativo. Hablamos del escocés Bruce Marshall.
Nacido en 1899 en Edimburgo y fallecido en la Costa Azul, en Francia, en 1987, se convirtió al catolicismo, ofreciendo como dote a La bella esposa -la Iglesia y el título de una de sus novelas, The Fair Bride– un agudo sentido del humor. Empezó a escribir después de dos traumáticas experiencias: la participación en la Primera Guerra Mundial y la amputación de una pierna. Sus estudios lo habían preparado para ser contable, trabajo que realizó una vez terminada la Primera Guerra Mundial; pero se convirtió también en un novelista de gran fama.
El motivo de estas líneas es, ante todo, exteriorizar mi alegría por haber conocido a Marshall en mi vida sacerdotal a través de sus libros; desearía que esta alegría fuese contagiosa, porque os puedo asegurar que sus novelas son un gran bien para los sacerdotes, los obispos y los fieles laicos.

Una mirada litúrgica
Un sacerdote se reconoce en ellas: ¿por qué?
Porque vislumbra la pura felicidad de celebrar los sacramentos en líneas repletas de amor y humor:

«El padre empezó la misa, confesando a Dios Omnipotente, a la Santísima Virgen María, al beato Miguel Arcángel… a Tom O’Hooley, a Angus McNab, a Patrick O’Shea y a la viejecita de los medios servicios de manos callosas arrodillada en el fondo, en la corriente, que había pecado mucho…» (El mundo, la carne y el padre Smith).

Conmovedora y encantada su mirada sobre el Canon eucarístico:
«El misterio se dirigía rápidamente al final. Los nombres de los santos aparecían y desaparecían, como ventanas iluminadas por la luz de Dios, el cual fulguraba desde la órbita fijada por Él mismo a la propia revelación» (El mundo, la carne y el padre Smith).
Esta mirada sobre la parte más sagrada de la misa sorprende tanto más cuanto que entonces se celebraba en voz baja y en latín; Marshall debía de tener un ojo penetrante, de fiel enamorado del Señor y de la Iglesia, un ojo capaz de ver lo esencial a través de los velos litúrgicos. Liturgia antigua la llamaríamos hoy; entonces era la única forma de rito romano, que el novelista escocés amó y después añoró cuando se introdujo la reforma litúrgica”.

Aquí el artículo completo:

 

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